Los verdaderos barrios de Castro: recuerdos de los años 70 y 80 Hablar de los barrios de Castro de las décadas del 70 y 80 es hablar de una época en que existía una verdadera vida de barrio. Los vecinos se conocían, se ayudaban y, de alguna manera, todos eran parte de una gran familia. Era común salir de la casa y dejar algún animal encargado al vecino. La vecina podía darle comida al chancho o a las gallinas mientras uno no estaba. Muchas familias criaban y cebaban su propio chancho para realizar posteriormente el tradicional carneo y yoco, una costumbre que reunía a varias familias. Para alimentar al chancho se aprovechaba prácticamente todo: la lavaza, las sobras de comida y hasta el cuero de las papas. Y cuando llegaba el día del carneo, no era solamente una actividad familiar. Los vecinos también participaban y, muchas veces, recibían parte de ese yoco. Era una forma sencilla, pero hermosa, de compartir y mantener viva la solidaridad entre vecinos. El fútbol y el orgullo de barrio En Castro existían cuatro barrios muy marcados por el fútbol: Piloto Pardo, Pedro Montt, Los Carrera y La Ramírez. Cada barrio defendía sus colores y su honor. Había varias canchas donde se jugaba prácticamente todos los fines de semana. Se podrían contar al menos cinco lugares donde el fútbol reunía a niños, jóvenes y adultos. Los partidos eran mucho más que un encuentro deportivo. Se jugaba por el orgullo del barrio. Se comentaba durante toda la semana quién había ganado, quién había hecho el gol y quién había jugado mejor. Antes y después de los partidos se reunían los vecinos, conversaban y compartían. El fútbol era una excusa para encontrarse y fortalecer una amistad que muchas veces duraba toda la vida. Y cómo olvidar las famosas veladas de boxeo que se realizaban en las canchas de Las Monjas con Pedro Montt. Con mucho esfuerzo de los propios vecinos se armaba un ring y comenzaban los desafíos entre barrios. Había árbitros, jurados y, sobre todo, respeto. Cada barrio quería demostrar que tenía buenos boxeadores. Podríamos nombrar a muchos de aquellos protagonistas, pero quizás sea mejor dejar algunos nombres para la imaginación de quienes vivieron esa época y todavía guardan esos recuerdos en el corazón. Una vecindad que se fue perdiendo Con el paso de los años, muchas de esas tradiciones fueron desapareciendo. Castro creció, llegó la modernidad, aparecieron los grandes centros comerciales y cambiaron las costumbres. Y está bien. Los tiempos cambian y no podemos estar en contra de la modernidad. Pero eso no significa que debamos olvidar lo que fuimos. Hoy, con cierta nostalgia, uno recorre las calles de Castro y recuerda cuando el vecino de enfrente era prácticamente parte de la familia. Se conversaba de los hijos, de los animales, de las cosechas. Era común escuchar: —¿Cuántos corderos tienes este año? —¿Y gallinas tienes? —Este jueves estoy de santo y voy a hacer una cazuela de gallina. No te olvides de venir. Y esas celebraciones terminaban convirtiéndose en grandes encuentros de vecinos. Eran tiempos sencillos, pero hermosos. Tiempos en que se compartía mucho con poco. Tiempos en que la puerta del vecino estaba abierta y donde un saludo, una conversación o un plato de comida podían convertirse en un momento inolvidable. Hoy muchas veces la persona que vive frente a nuestra casa es prácticamente desconocida. A veces ni siquiera nos saludamos. Quizás esos tiempos ya no vuelvan. Quizás sea imposible recuperar completamente aquella vida de barrio. Pero sí podemos mantenerla viva en nuestra memoria y contarles a las nuevas generaciones cómo era aquel Castro donde la solidaridad, el deporte, la amistad y la vecindad eran parte fundamental de la vida. ¡Vivan los verdaderos barrios de Castro de los años 70 y 80! Porque fueron barrios donde no solamente se compartía una calle: se compartía la vida.
Los barrios de Castro: recuerdos de los años 70 y 80













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