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Eleazar Vera: un símbolo de Arco Iris

Eleazar Vera: un símbolo de Arco Iris Hablar de Eleazar Vera es hablar de la historia y de la identidad del Club Deportivo Arco Iris. Su vida ha estado ligada por décadas a esta institución que lleva profundamente en el corazón. Sus primeros pasos en el fútbol fueron en Ferroviario, jugando en las series menores, cuando vivía en el sector de Alfredo Hernández, donde se reunían los niños del barrio para comenzar a soñar con el fútbol. Posteriormente llegó a Arco Iris, institución donde desarrollaría gran parte de su vida deportiva. Comenzó jugando en la primera serie infantil, para luego pasar a juveniles y, con apenas 17 años, llegar a la serie adulta. Eran otros tiempos. Se jugaba con los tradicionales “chutiadores” de zapatería y con aquellas pelotas de “correones” que poco tenían que ver con los balones actuales. Cuando llovía, muchas veces era imposible jugar, porque la pelota se volvía extremadamente pesada. Pero eso no quitaba las ganas ni el amor por el fútbol. Eleazar también tuvo el orgullo de vestir la camiseta de la Selección de Castro, una camiseta que recuerda con el mismo cariño y orgullo con que defendió los colores de Arco Iris. Con el paso de los años dejó de ser solamente jugador para convertirse en dirigente y formador. Dirigió distintas series de Arco Iris, desde los niños hasta la categoría adulta, consiguiendo numerosos campeonatos locales. También dedicó gran parte de su tiempo a buscar jugadores y formar nuevas generaciones para la institución. Nunca dejó de estar atento a Arco Iris. Siempre preocupado de sus series, de sus jugadores y de todo lo que pudiera ayudar al crecimiento del club. Cómo no recordar también aquellas inolvidables presentaciones y giras, especialmente los viajes a Punta Arenas, donde en algunas oportunidades permanecían cerca de un mes fuera de casa. Son recuerdos que hoy guarda con enorme cariño y que forman parte de una vida entera dedicada al fútbol. Hoy, con el paso de los años, Eleazar reconoce que está un poco más apegado a su hogar, porque la edad no pasa desapercibida. Pero su corazón sigue estando donde siempre estuvo: junto a Arco Iris. Y ese amor también se transmitió a su familia, que ha estado ligada a esta institución y que ha compartido parte importante de esta historia. Eleazar Vera no es solamente un exjugador, dirigente o formador. Es parte de la historia viva de Arco Iris. Una persona que ha entregado gran parte de su vida a esta camiseta, a sus colores y a sus generaciones. Porque hay instituciones que uno representa por un tiempo, pero hay otras que se llevan para siempre en el corazón. Y Arco Iris, para Eleazar Vera, es precisamente eso: una parte de su vida, de su familia y de su corazón.

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